Tin tan y su voluntad de ser

“Mis amigos me llaman Tin Tan porque en mí todo es música. ¿Es usted pura música?”


 

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Por Rocío Mendoza

Hace 41 años, México vio partir a una de sus máximas estrellas del cine nacional: Germán Valdés “Tin Tan”. Actor y cantante, nacido en la Ciudad de México, en 1915.  Considerado  como el mejor cómico mexicano, Tin Tan dio esplendor a la cultura mexicana a través de sus  más de 50 películas, entre las que no se pueden perder “El rey del barrio”, “El ceniciento” y el “Vizconde de Montecristo”,  su trabajo en doblaje, destacando, como la  voz de Thomas O’Malley  en Los aristogatos , en 1970,  como  voz de Baloo  en  El libro de la Selva , en 1967, así como por sus grabaciones musicales, entre las que está la inolvidable interpretación de “Bonita” del compositor Luis Alcaraz.

El éxito y la fama de Tin Tan fue internacional, el grupo británico  The Beatles invitó a Tin Tan a participar en la portada del disco “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, pero Tin Tan declinó la invitación, solicitando que en su lugar se colocara un símbolo de la cultura mexicana, así fue que se incluyó un árbol de la vida.

Tintan fue el representante del joven hispano de los años 20´s, denominado pachuco, singulares por su vestimenta: chaquetas de amplias solapas , pantalones ceñidos en la cintura, bailarines y amantes de la música como el boogie, el swing, y el mambo y la mezcla cultural mexicana y gringa expresada en su lenguaje. lo cual me hace recordar a otro grande del cine de oro, el gran  Fernando Soto,  “El mantequilla”, quien recordarán  como Antonio, el bracero,  amigo incondicional de Pepe  “El Toro”, quien no deja de hacernos sonreír por sus intervenciones de spanglish  a lo largo de obra de los hermanos Rodríguez.

Como dijo  Octavio  Paz: “…los “pachucos” no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados. A pesar de que su actitud revela una obstinada y casi fanática voluntad de ser, esa voluntad no afirma nada concreto sino la decisión-ambigua, como se verá-de no ser como los otros que los rodean[1].  Así fue Tin Tan  una fanática voluntad de ser, un espíritu libre, una combinación de  locura, poesía y música.  A quien hoy, de esta manera, le rendimos un sentido homenaje.

[1]Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Postdata, Vuelta a ‘El laberinto de la soledad’ (Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica, 1994), 14-20.

Disponible en: http://ccat.sas.upenn.edu/romance/spanish/219/13eeuu/paz.html

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