Los negros y el jazz latinoamericano

Por Octavio Aristeo López

 Holidayz

¿El jazz es un género musical de y para negros? El jazz es buena música por su improvisación, su ritmo musical múltiple y sus individualidades de cada intérprete de los instrumentos musicales básicos: el saxofón, la trompeta, el piano y el contrabajo.

Existe un orden coherente en el sonido que produce cada instrumento musical, una lógica, en el tiempo regular o irregular, articulado o desarticulado, en el espacio melódico; por ello, entender el jazz requiere de ciertos conocimientos musicales e imaginación para deshacer formas continuamente.[1] Más si eres blanco, es decir, no negro o afroamericano.

Por lo mismo, sentencia el filósofo, musicólogo, comunicólogo y sociólogo alemán, Teodoro Adorno “la audición tradicional, transcurre de tal modo que la música se despliega, conforme al orden del tiempo, de las partes al todo. El despliegue, la relación por tanto, de los contenidos musicales, que se suceden unos a otros en el tiempo con el fluido discurrir temporal puro, se ha vuelto problemático, y se presenta en la composición como una tarea que se ha de pensar a fondo y dominar”.[2]

Por cierto, Teodoro Adorno tiene un texto relacionado directamente con el estudio del jazz, que los interesados pueden consultar ampliamente “Moda sin Tiempo. Sobre el Jazz”.[3]

El jazz es música negra no música blanca, por lo mismo, existen grandes intérpretes de los instrumentos musicales que han destacado, en el que la mayoría son negros o afroamericanos; solo por poner un ejemplo: los saxofonistas importantes del jazz son Charlie Parker[4], John Coltrane, y a Stan Getz; en el uso de la trompeta Louis Armstrong, a Dizzy Gillespie, y a Miles Davis; en el uso del piano Duke Ellington, Chick Corea y Fats Waller.

Las raíces del jazz están en Estados Unidos, esto dice la historia musical, es un producto norteamericano de los negros o afroamericanos; a mediados del siglo XIX, en el que se mezclaron ritmos musicales africanos de los esclavos africanos, negros e indígenas. Algunos defienden que también influyeron las bandas militares y bandas europeas, lo dudo.

Ahora, todos quieren tener presencia en éste género musical, hasta llegar al delirio de encontrar partes de jazz en las obras musicales de grandes genios como Ludwig van Beethoven (1770-1827), compositor, director de orquesta y pianista alemán; Johann Sebastian Bach (1685-1750), compositor, organista, violinista y cantor alemán de música del Barroco; Fryderyk Franciszek Chopin (1810-1849), compositor y pianista polaco, bueno, hasta Wolfgang Amadeus Mozart, compositor y pianista austriaco.

Dicen, que algunas partes de sus obras escuchan jazz, sin tener la menor idea del jazz negro; por supuesto, pueden escuchar lo que quieran y lo que requieran sus necesidades.

Por consiguiente, no estoy de acuerdo que se diga que en América Latina existe jazz en la historia de los países latinoamericanos. Los ritmos e instrumentos africanos se mezclaron con los indígenas para formar identidades musicales propias. Es cierto que existen experiencias de opresión, marginación y celebración de las poblaciones de ancestro africano.

Pero, cada país latinoamericano tiene su propia historia y manifestación musical que tienen elementos africanos como el son de Cuba, la bomba de Puerto Rico, el merengue de la República Dominicana, la cumbia de Colombia, la samba de Brasil; los ritmos musicales son afrocaribeños, si éste género musical lo quieren relacionar con el jazz, porque existen negros o afroamericanos en sus comunidades y representan cierta influencia africana, y porque son parte de la conciencia negra, deben entender y comprender que tienen un dialogo diferente, un lenguaje musical propio al del jazz. Es un lenguaje musical propio de cada país latinoamericano que aporta al mundo, como el ritmo “salsa”.

Así pues, países como Uruguay, Brasil y México, tienen una variedad de géneros musicales que producen multiplicidad de ritmos, es el caso de Uruguay con el Kandombe, el milongó que se transformó en milonga; el Capoeira brasileño[5], que se practica tanto en Brasil como en los Estados Unidos y países latinoamericanos. En México, la marimba es un instrumento de percusión ecuatoriano, centroamericano, mexicano y caribeño que muchos consideran que tiene su origen en Angola o en Sudáfrica, entonces, la marimba es el resultado del encuentro de las culturas indígenas de Mesoamérica y de los negros de África.

Los países de Latinoamérica tienen riqueza musical propia que le da identidad a sus pueblos, así el jazz tiene su propia identidad cultural y musical. Su influencia de la música africana en la música de mundo es amplia e importante, como también lo es la música latinoamericana.

De aquí que por más que se organicen eventos de jazz en América Latina, no encontraran crear un jazz latinoamericano, porque un jazz latinoamericano no existe semejante a la belleza musical de los negros o afroamericanos. Así se escriban libros que opinan sobre un supuesto jazz latinoamericano no podrán contra la historia del origen del jazz.

Podrá existir jazz latinoamericano exportado de los barrios negros de Estado Unidos por parte de los migrantes; crearan su propia identidad con festivales y congresos, estudios, investigación, copiar jazz; pero no podrán superar al jazz negro que fue inventado en Norteamérica. La cultura latinoamericana no es una cultura negra ni sus habitantes son negros.

Tenemos música autóctona, con muchos sonidos y colores pero no es jazz.

El jazz se convierte en un ritmo musical, en un género musical, en Luisiana en el siglo XIX, lugar donde construyen una identidad los esclavos que llegaban de Occidente de África, del Sur del Sahara que tienen como elemento común la música y el ritmo, que es muy diferente al de los habitantes del Continente Americano, de Costa de Marfil. Por lo que el jazz tiene sus propias leyes en movimiento por ser una configuración histórica esclavista negra de dominación.[6]

Por lo tanto, estoy de acuerdo con LeRoi Jones o Amiri Baraka (1934-2014), poeta, novelista, ensayista, dramaturgo, músico, activista político norteamericano, cuando señala en su libro “El Jazz y la crítica blanca”, escrito en 1963, en su frase inicial “La mayoría de los críticos de jazz han sido americanos blancos, mientras que los músicos más importantes no”.[7] Por cierto, su primera esposa era blanca y no fue comprendido, la dejo y se casó con una mujer afroamericana.

Observo que el jazz es una expresión autentica de la cultura afroamericana, y es el momento en el que su éxito comercial se convierta en una mercancía, estandarizado y digerible para América blanca. Amiri Baraka deja en claro que el jazz solo puede ser comprendido como parte de las experiencias que a lo largo del siglo XX dieron forma a una nueva conciencia sobre lo que significaba ser negro en los Estados Unidos.

Crearon el concepto musical difícil de entender: el swing, una concepción del tiempo, que es la esencia del jazz. ¿A qué tiempo se refiere el swing? ¿Cuál tiempo? ¿Cómo vivir en destiempo con el tiempo, en estos dos planos temporales? ¿Qué tiempo es vivido y medido; negado repetidas veces? Sentir el jazz, es entrar en la locura negra, en el que solo ellos pueden entrar no los blancos, no la lógica y la razón, es el lugar reservado para ellos.

El negro no acepta los principios del hombre blanco, tiene su propio concepto del tiempo. Julio Cortázar, escritor argentino, escribe sobre la vida de Charlie Parker, en su cuento El perseguidor, y el concepto de tiempo está presente, su ambigüedad, su locura es lo que ilumina el jazz y sus creadores de la cultura negra o afroamericana: “pasado mañana es después de mañana, y mañana es mucho después de hoy. Y hoy mismo es bastante después de ahora”.[8]

“Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio… Entonces un hombre, no solamente yo, ésa y tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana”.[9]

Así tenemos que, terminan locos, es el precio; solo mencionaré un ejemplo, Buddy Bolden, el inventor del jazz de Nueva Orleans en Storyville, lleno de prostitutas y pianistas, a principios del siglo XX, pasó las últimas décadas de su vida en una institución mental.[10]

El jazz, es un discurso musical de resistencia a la dominación esclavista de los blancos; es un discurso político negro en contra de los blancos; es una acción política entre  estos actores sociales; es una construcción de resistencia a la dominación de los blancos; es un lenguaje no hegemónico, subversivo, rebelde.[11]

Quien no recuerda la historia del jazz de Harlem Nueva York, con la llegada masiva de negros desde 1905 y que en la década de 1920, se convirtió en uno de los centros más significativos de la cultura negra o afroamericana. Se cuentan historias de amor de parejas negras que dejan atrás los campos de trabajo y los abusos a los que son sometidos por parte de los blancos, para llegar a la gran ciudad, Nueva York. [12]

También los poetas están presentes en el jazz,  Federico García Lorca en Nueva York, vivió noches maravillosas en los clubes de Harlem escuchando y disfrutando del jazz, construyendo poesía señala José Ignacio Guijarro, en su libro Fruta Extraña, [13]

Fruta Extraña, Strange Fruit, es una pieza musical escrita en 1939, que habla del cuerpo de un negro que cuelga de un árbol como si fuera un fruto desconocido.

Fruta Extraña

Árboles sureños dan fruta extraña,

sangre en las hojas y sangre en la raíz,

cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña,

fruta extraña que cuelga de los álamos.

Escena pastoral del sur galante,

los ojos saltones y la boca torcida,

aroma de las magnolias, dulce y fresco,

entonces el repentino olor a carne quemada.

Aquí está la fruta para que los cuervos de arrancar,

a que la lluvia se reúnen, para que el viento chupe,

para que el sol se pudra, para que los árboles caen,

aquí es una extraña y amarga cosecha.

Si, la letra los hace vibrar y revolcarse en sentimientos hasta la locura es porque están entendiendo la música negra, el jazz.

Ahora, los blancos por diversión o envidia, quieren conocer y sobresalir en este género musical, hasta se visten y cambian su personalidad para aparentar ser negros y son blancos; solo hacen el ridículo, porque no pueden aparentar ser negros si son blancos y no pueden construir, improvisar ni interpretar el jazz por ser un discurso de resistencia negra; es un producto social y cultural; no podrán aprehender la esencia de la música del jazz, no conocen este lenguaje musical inexistente, la lógica y la razón del hombre blanco no podrá penetrar al mundo musical del negro, su mundo de razón y locura, en donde la palabra no existe. En este mundo del blanco no todos pueden estar locos.[14]

Es la resistencia al poder dominante, que los blancos también quieren expresarse a través del jazz, porque quieren encontrar la lógica y la razón, porque creen que existe lógica y razón en el jazz; porque existe un lenguaje de presencia a través de la música del jazz, el movimiento del saxofón, la trompeta, el piano y el contrabajo, hasta del violín, si es que existe en el famoso cuarteto.

Quieren trascender dentro de la lógica y la razón, pero no entienden ni comprenden que “no se puede decir nada, inmediatamente lo traduces a tu sucio idioma. Si cuando yo toco tú ves a los ángeles, no es culpa mía. Si los otros abren la boca y dicen que he alcanzado la perfección, no es culpa mía. Y esto es lo peor, lo que verdaderamente te has olvidado de decir en tu libro, Bruno, y es que yo no valgo nada, que lo que toco y lo que la gente me aplaude no vale nada, realmente no vale nada”.[15]

Gestos, gritos, alaridos de las cuerdas, es un rito, pero es un ritual negra de resistencia individual y colectiva, es el espíritu rebelde.[16]

Sin duda existe una esclavitud disfrazada en Latinoamérica, por ello, el jazz puede ser un producto musical aceptado por los dominados, pero también un producto mercantil de los dominantes, que como mercancía es distribuida por el mundo: producto que tiene varios subproductos mercantiles; discos, vestimenta, instrumentos musicales, etcétera.

Puede tener efectos de resistencia y de rebeldía en algunos lugares, pero América latina no es negra, no entiende éste género musical, no entiende este tipo de sumisión, solo algunos la aprecian, la mayoría la explota y vive del jazz.

Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,

Universidad Nacional Autónoma de México.

oaristeolopez@gmail.com

[1] Berendt, Joachim E. El jazz (De Nueva Orléans al Jazz Rock),  Fondo de Cultura Económica, México, 1986, pp. 312-313

[2] Adorno, Theodor. Filosofía de la nueva música, Editorial. AKAL, 2003, p. 38. También recomiendo leer sus Escritos  musicales que están en el  I-III tomo. Obras Completas. Editorial AKAL, Madrid, p. 9-23.

[3] Teodoro Adorno, “Moda sin Tiempo. Sobre el Jazz”. Editorial Prismas. La crítica  de la cultura y la sociedad. Editorial ARIEL, Barcelona España, 1962.

[4] Julio Cortázar, escritor argentino, escribe sobre la vida de Charlie Parker, en su cuento El perseguidor, y el concepto de tiempo está presente, su ambigüedad, su locura es lo que ilumina el jazz. Es una historia del jazz urbano norteamericano.

[5] El ritmo musical Capoeira fue desarrollado en Brasil por descendientes africanos con influencias indígenas, a principios en el siglo XVI.

[6] Quintero, Rivera Ángel, Cuerpo y Cultura. Editorial Iberoamericana. Madrid, España, 2009.

[7] Amiri Baraka, Blues People: Negro Music en White America, Nueva York, Estado Unidos, 1963.

[8] Cortázar, Julio. “El perseguidor”, Editorial, Nueva Imagen, México, 1983, p. 86.

[9] Ibidem, página 96

[10] Gary Giddins, Scott De Veaux , Jazz, Edición inglesa: W. W. Norton & Company, 2009.

[11] Adorno Moda, Sin tiempo. Sobre el jazz. Nueva York, Estados Unidos, 1953.

[12] Toni Morrison, jazz, editorial Punto de lectura, Nueva York, Estados Unidos, 2000.

[13] José Ignacio Guijarro, Fruta Extraña, Editorial Fundación José Manuel Lara, Madrid, España, 2013.

[14]  Scott, James, Los Dominados y el arte de la Resistencia. México, 2000, SD.

[15] Cortázar, Julio. “El perseguidor”, Editorial, Nueva Imagen, México, 1983, p. 140-141.

[16] Ángel Quintero, Salsa, Sabor y Control. Sociología de la música tropical.  Editorial Siglo XXl, México. 1999.

Categorías:Jazz, Opinión

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