Musiqueando: Bajones: manojos de trompetas de tierras cálidas

El bajón es uno de los aerófonos más particulares de las tierras bajas de América del Sur. En realidad, es único entre sus pares de América Latina.

[Foto 01. Bajones en la Ichapekene Piesta. Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia]

[Foto 01. Bajones en la Ichapekene Piesta. Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia]

Edgardo Civallero

Se trata de un instrumento “de trompetas múltiples”: una serie de trompetas naturales de distintos diámetros y longitudes, organizadas en hilera siguiendo un orden decreciente (forma de ala). Cada trompeta es un tubo cónico formado por hojas de palmeras cusi o jatata enrolladas en torno a una estructura básica o soporte de cogollo de palmera que ejerce de sostén en el interior de cada tubo. La espiral de hojas se asegura mediante ataduras de hilo de algodón untado en cera de abeja silvestre. Finalmente, se dota a cada trompeta de una boquilla torneada, generalmente realizada en madera de cedro o de tarara, aunque antaño también solían fabricarse con una sección de caña.

Así armadas, las distintas trompetas se ordenan en línea de mayor a menor y se sujetan a una banda de madera fina, la peineta. La trompeta más larga suele medir alrededor de 160 cms. de longitud, y la más pequeña, unos 30 cms. Normalmente el tubo mayor cuenta con una base de caucho que permite apoyar el instrumento en el suelo sin dañar su extremo distal.

Cada tubo emite una única nota (la “tónica” de una trompeta natural). Las distintas notas de la escala diatónica se reparten entre dos bajones, denominados “macho” (en general, 10 tubos) y “hembra” (en general, 9 tubos). En la actualidad, en algunas comunidades aparecen juntas dos parejas de bajones: el llamado “bajón largo” (“macho” de 14 trompetas y “hembra” de 13) y el “bajón corto” o “jerure” (“macho” de 7 trompetas y “hembra” de 6, y un tamaño mucho menor).

La estructura de una pareja de bajones es idéntica a la de las dos mitades que forman el siku (flauta de Pan andina de doble hilera), un instrumento con el que a veces suelen ser confundidos debido a su similitud morfológica. Como ocurre con cada una de las mitades del siku, cada bajón está en manos de un intérprete distinto (ayudado, cuando se toca en procesión, por otra persona, que sujeta el extremo inferior), y es preciso combinar los sonidos de ambos y hacerlos “dialogar” para interpretar una melodía, mediante una técnica conocida como hocket.

Es un instrumento tradicional del departamento de Beni, en las tierras bajas del oriente de Bolivia. Concretamente, el aerófono es utilizado en el área de San Ignacio de Moxos (capital de la provincia de Moxos) y en los alrededores de la cercana Trinidad (capital de la provincia de Cercado y del propio departamento).

[Foto 02. "Misa cantada en la antigua Misión de Trinidad (Mamoré)". Lámina original de Franz Keller-Leuzinger]

[Foto 02. “Misa cantada en la antigua Misión de Trinidad (Mamoré)”. Lámina original de Franz Keller-Leuzinger]

La región estuvo y está habitada por varias parcialidades del pueblo indígena Mojeño o Mojo (a veces escrito con la grafía colonial “Moxeño” o “Moxo”), hablante de las variantes lingüísticas conocidas como ignaciano, trinitario, javeriano y loretano. Cerca de ellos se ubican los pueblos Movima, Itonama y Cavineña. De acuerdo a la documentación existente, tanto los Mojeño como sus vecinos emplearon bajones en algún momento del pasado. Se trataría, pues, de un instrumento perteneciente al acervo cultural de esas sociedades originarias, que actualmente solo mantiene su vigencia entre los Mojeño.

La mayoría de los pueblos indígenas del oriente boliviano se vieron influidos por las reducciones jesuíticas emplazadas en la Chiquitanía y los Llanos de Moxos durante los siglos XVII y XVIII. En la vida de las misiones, la música instrumental y el canto coral jugaron un papel muy importante como medios de evangelización. Cada reducción contaba con un amplio repertorio litúrgico para solista y coro con acompañamiento de una pequeña orquesta barroca, generalmente compuesta por violines y bajo continuo. La parte de bajo podía ser interpretada por un órgano, un arpa, un violón o, más comúnmente (debido a la no disponibilidad de los anteriores, y aprovechando los recursos locales), una pareja de bajones.
La similitud del sonido de este aerófono indígena con el de los instrumentos europeos de lengüeta doble de tesitura más grave de la época hizo que los jesuitas lo llamasen “bajón”, término español que entre 1550 y 1700 se usó para denominar al dulcian, antepasado renacentista y barroco del actual fagot que también solía realizar las labores de bajo continuo en muchísimas partituras.

Foto 03

Tras la expulsión de los jesuitas de los territorios españoles en 1767, el repertorio misionero, sus “papeles de música” y los instrumentos continuaron en manos de las comunidades de Moxos, pero con el paso de los años la práctica musical fue decayendo y un siglo y medio después estaba muy abandonada. A partir de 1996 ha habido una revitalización de la música jesuítica y de la tradicional, de la mano de la Escuela de Música y Luthería (hoy Instituto Superior de Música) y su buque insignia, el Coro y Orquesta de San Ignacio de Moxos (hoy Ensamble Moxos).

Si bien en Bolivia se emplea habitualmente el nombre español “bajón” para referirse al instrumento, existen varias denominaciones locales en lenguas indígenas: juru’i, yuruhi o yuruí (trinitario y loretano), iru’i (javeriano) y chujare (ignaciano). En ignaciano, chuja o chujare vale hoy para todos los aerófonos, de modo que se usa el término vajune (re-fonetización Mojeño del vocablo español) para designar al “bajón largo” y yuruí para el “bajón corto”, “jerure” o “yura”. Hipótesis aún no confirmadas señalan que el nombre original del instrumento entre los Mojeño habría sido ippijiraseko.

 

En contextos tradicionales aparecen, junto a violines, flautas sivivire o sibibire (pífanos o flautas traversas de caña o PVC), y los “compases” o instrumentos de percusión –caja (bombo), s’ankute o zancuti y tampura (tambores)– acompañando los cánticos en “velorios” de santos y vírgenes, misas y procesiones religiosas. En San Ignacio de Moxos, estos instrumentos son ejecutados por el “coro de la capilla”, que interpreta tonadas específicas para Navidad, la Virgen de la Candelaria, Carnaval, Semana Santa, la Virgen del Carmen, la fiesta patronal de San Ignacio (Ichapekene Piesta o “Fiesta Mayor”) y Santa Cecilia. En Trinidad no tienen una presencia tan destacada, aunque se está produciendo una revalorización del instrumento y su repertorio.

Hasta los años 80’ del siglo pasado, Ignacio Vela Matene era uno de los últimos constructores de bajones que quedaban; en aquella época los instrumentos completos eran escasos. Con el desarrollo de la Escuela y el Coro y Orquesta de Moxos comenzó una necesaria recuperación del aerófono, lo cual le ha dado una cierta visibilidad a nivel internacional, sobre todo en los ámbitos especializados. En la actualidad existen varios constructores (p.e. el ignaciano Robin Cuéllar o el trinitario Marco Fabricano Pasema) así como grupos que lo emplean (p.e. los españoles de Sphera Antiqva).

Al parecer, en la larga y rica historia de este manojo de trompetas de hojas de palmera quedan aún capítulos por escribir. Afortunadamente hoy por hoy cuenta con los apoyos necesarios para que jóvenes bajonistas recojan el testigo de maestros como Ignacio Vela, Ricardo Tumo, Espíritu Pariqui, Fidel Matene y Genaro Conotiri.

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