Trabajadoras del hogar: ¿Y sus derechos qué?

Las trabajadoras del hogar y su exigencia de derechos laborales


 

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Por: Rocío Mendoza Carrillo

Sirvienta, la muchacha, la chacha, incluso gata, son maneras en las que se denomina en México a las personas en su mayoría mujeres que  se ganan el sustento limpiando casas, haciendo comida e incluso cuidando de niños al mismo tiempo. Cada uno de estos nombres tiene un grado de connotación clasista y discriminatoria. Pero trabajadora  del hogar es el nombre  que ellas y ellos prefieren para reivindicar su actividad laboral. Se denominan así para diferenciar su actividad del trabajo doméstico  que realiza cualquier persona en una casa y que no es remunerado.

A pesar de ser una de las labores más precarias que existen, es una de las opciones más recurridas en América Latina y en particular en México. Caracterizada por sus indefinidas jornadas laborales (42% trabajan más de 40 horas a la semana), bajos sueldos, escasa o nula cobertura de seguridad social, 75% de las trabajadoras domésticas no tienen ninguna prestación social,  no tiene aguinaldo, vacaciones pagadas, licencia de maternidad, derecho a una pensión, una mayoría no llega a firmar un contrato laboral y al ser despedidas no tienen como exigir una liquidación.

Casi la mitad de de las trabajadoras del hogar  en México (43%) gana de 500 a 1000 pesos a la semana, esto es aproximadamente 4000 pesos al mes.[1]En un país donde el  desempleo  es muy alto y el costo de los medios de vida aumenta considerablemente es más que obligado  conformarse  con un trabajo sin ninguna prestación,  porque a veces resulta mejor eso que nada.

 El número de trabajadoras del hogar no es preciso, ya que muchas muchas más que quedan fuera de los registros oficiales porque no tienen la consciencia de que su actividad es un trabajo. En 2010 se calculó que en  América Latina había por lo menos 14 millones de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo.   En México,  el INEGI supone  su número a través del dato de Trabajadores en servicios domésticos, en el cual se indica  apenas 2,047 306[2],  de los cuales 9.7% son hombres y 90%  mujeres.

Tampoco hay un perfil que cubrir para  aspirar a ser  trabajador del hogar, porque en términos reales a cualquier edad se puede empezar,  siempre y cuando  el cuerpo lo permita, no importa que tengas 70 años o tengas solo 8.  Puedes ser mujer, hombre (ellos, como vimos son una minoría en este tipo de ocupaciones), puedes ser migrante, es muy probable que seas indígena  y ser un niño no te excluye de este empleo.

Un par de características socioeconómicas que nos ayuda a comprender como se compone este sector: su grado de estudios y su ingreso. De acuerdo con el INEGI, el 34% de las personas trabajadoras del hogar tiene la educación primaria,  29.7% la primaria incompleta, el mismo porcentaje tiene la educación secundaria y  solo el 6.43% tiene educación media superior y superior, sin embargo investigaciones como la del periodista Ricardo Raphael y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) indican que 8 de cada 10 trabajadoras del hogar son analfabetas.

Históricamente  gran parte de las trabajadoras del hogar son mujeres pobres, que salen de sus localidades buscando mejores condiciones de vida. Es la historia que se repite año con año en muchos rincones de México. Ellas han estado presentes desde la época de la Colonia[3], pero a doscientos años de la Independencia y a cien de la Revolución Mexicana,  hay cosas que no han cambiado  pues el trabajo del hogar sigue siendo uno de los espacios donde  se realizan prácticas cercanas a la servidumbre y a la esclavitud, y que con frecuencia hacemos pasar como tratos familiares, proteccionistas y paternalistas.[4]

Por si fuera poco, hoy en día existen  “agencias de trabajo”  que ofrecen sus servicios a través del Internet. En febrero pasado, Arturo Sánchez Jiménez, reportero del periódico La Jornada en México, documentó la existencia de un conjunto de páginas web donde agencias ofrecían los servicios domésticos, entre las páginas señaladas están: chachaexpress.com, domesticaprofesional.com o sirvientasmexico.com. Este tipo de agencias proporcionan expedientes del personal a contratar con fotografías, huellas digitales y “documentos oficiales”. Además varias de estas empresas aseguran que la cuota mensual cubre además del sueldo, la seguridad social, los aguinaldos y las vacaciones  de la trabajadora. Y para rematar algunas de estas páginas tienen una lista negra de las mujeres que no se recomiendan para ser contratadas.[5]

El trabajo del hogar implica cierto aislamiento social de la trabajadora al estar circunscrita a determinados espacios de la casa. Los espacios físicos para que la trabajadora pueda estar también establecen una diferenciación de clases, “la muchacha come en la cocina y plancha en el cuarto de servicio”. A esto  se le suma el poco o nulo reconocimiento  de lo bien que haga sus actividades y la violencia simbólica psicológica y  física a la que puede estar expuesta.  Por supuesto existen sus excepciones, pero que son solo eso: excepciones.  En la relación “patrón”- trabajadora del hogar esta de fondo una relación de poder que genera un estatus. La persona que contrata a una trabajadora del hogar para que haga la limpieza, la comida y atienda las necesidades de la familia, se distingue por ser jefa(e) en su propio hogar,  quizás  es el único lugar en el que tiene subordinados. Así, se deja clara la relación jerárquica que cuyo poder de mando es compartido por los hijos  de los patrones  quienes se asumen con el poder de mandar  sobre las  trabajadoras del hogar,  ante la mirada aprobatoria  de sus orgullosas madres.

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En pleno siglo XXI, la ciudad de México, se ha ostentado como una sociedad de vanguardia  en diversos aspectos, entre ellos por ser  la que ha cobijado la conquista de los derechos de grupos minoritarios como el matrimonio entre homosexuales, el derecho al aborto, y el derecho de los animales de compañía, sin embargo  en su interior sobreviven contrastantes casos donde se olvida el principio básico de igualdad.  En los fraccionamientos o zonas residenciales se establecen entradas “especiales” para los trabajadores domésticos (incluidos jardineros),  como en una sed de distinción clasista, no han faltado aquellos que ven mal que las trabajadoras del hogar vistan a su gusto y busquen uniformarlas para no dejar lugar a dudas quienes sirven y quiénes son los  patrones. [6] Desafortunadamente esta discriminación se dispersa a otros espacios  como en las instituciones públicas, en la que yo trabajo, las trabajadoras de mantenimiento no pueden salir del edificio si no se les revisan sus bolsas o mochilas a la hora de la salida, todo esto ocurre ante la mirada indiferente de los burócratas, justificada como una medida para impedir que no se roben algo de las oficinas, estableciendo una falsa distinción entre ellas y los burócratas  como si uno fuera más virtuoso que otro.  Aquí también, no se les permite hacer amistad con los empleados de oficina, si esto ocurre son sancionadas.

Ante este panorama también hay buenas noticias, un sector de ellas está organizado. Su lucha ha consistido en colocar en la agenda pública su situación de discriminación sistemática, la reivindicación de sus derechos. Organizaciones como el Colectivo de Mujeres Indígenas Trabajadoras del Hogar (COLMITH), El Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar, A.C. (CACEH) y  la Red de Mujeres Sindicalistas. Colectivo de Empleadas del Hogar en los Altos de Chiapas, San Cristóbal de las Casas (CEDACH), Hogar de la Joven María Inmaculada, Red de Mujeres Empleadas del Hogar en Guerrero, Red de Trabajadoras del Hogar en Morelos brindan apoyo y capacitación para el trabajo del hogar, en estas organizaciones se promueve el conocimiento de obligaciones y derechos, algunas mujeres afirman que en estos espacios han aprendido a nombrar aquellas situaciones de discriminación que han padecido.

En 1988, en Bogotá, Colombia, se realizó el primer Congreso de Trabajadoras del Hogar, donde se conformó la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONTLATRAHO). El pasado 30 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Trabajadora del Hogar.  Las condiciones laborales en México son cada vez más precarias.  En la masa de trabajadores que carecen de un contrato laboral, de vacaciones, de una pensión, están las trabajadoras del hogar. Defender sus derechos laborales  y su dignidad es defender el derecho de todos los trabajadores, es una convicción que se debe mantener por ellas y cualquier trabajador en el país.

[1] Datos del CONAPRED; ENADIS 2010 Trabajadoras domésticas, p.37

[2] ENOE 2010 cuarto trimestre

[3] http://www.debatefeminista.com/PDF/Articulos/desirv487.pdf

[4] González Plascencia, ex presidente de la comisión de Derechos Humanos del DF, en http://www.cdhdf.org.mx/index.php/boletines/2182-boletin-992012

[5]http://www.jornada.unam.mx/2014/02/23/sociedad/033n1soc

[6]Cuando escribía este artículo, el Gobierno del Distrito Federal anunciaba el otorgamiento de un seguro médico gratuito a las trabajadoras del hogar de la Ciudad de Mèxico. Publicaremos al respecto en la página de facebook de la Revista.

Categorías:Mujeres, Sin categoría

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