CHAVA FLORES Y LA ESQUINA DE MI BARRIO

 

 

Chava capturó la idiosincrasia del mexicano, soñador como ninguno otro en el mundo.

 

Por: Víctor E. Galván Vargas

A mi mamá,

quien con su inagotable imaginación nos

presentó a mis hermanos y a mí, al Gato Viudo,

a Pichicuaz, a Cupertino y a otros personajes…

 

 Chava_Flores-Antologia-Frontal

En la ciudad de México, “cuando la Luna se pone regrandota como una pelotota y alumbra el callejón, se oye el maullido del triste gato viudo y su lomo peludo se eriza con horror…”[1] Ese gato maullador, crítico, festivo y cronista de la ciudad de México, no puede ser otro que Chava Flores. Dice Nacho Méndez que “nadie como Chava Flores para dejar un testimonio fidedigno de las costumbres y las preferencias de sus contemporáneos. Yo creo que, con toda justicia, se merece el título de “Cronista musical de México”,[2] y en especial de su amado Distrito Federal.”[3]

Salvador “Chava” Flores Rivera, nació “el 14 de enero de 1920 en una de las calles de La Soledad, allá por el rumbo de La Merced en la ciudad de México, D.F.”[4] Siendo de una familia humilde y como el mismo lo menciona en su obra autobiográfica “Relatos de mi Barrio”, tal vez haya sido porque su papá no pagaba la renta a tiempo, es que tuvo que vivir en todos los barrios de la ciudad de México y que “si no vivió en el Castillo de Chapultepec fue porque en ese tiempo, discriminatoriamente, sólo lo alquilaban al que fuera presidente de la república…”[5]

Como ni Chava, ni su papá llegaron a ser presidentes de la república, él no pudo vivir en Castillo de Chapultepec. Sin embargo esto no le impidió conocer el dinamismo, la vida de la ciudad. En la letra de todas sus canciones refleja su mirada crítica, burlona, sarcástica y hasta alburera de la urbe que como retablo barroco o filigrana oaxaqueña, no deja pasar detalle alguno de la compleja forma de ser del mexicano clase mediero.

Para Chava Flores, la ciudad no sólo fue el lugar en donde se desataban historias que después podían ser contadas; fue el escenario en donde todo acontecía, en donde nada podía quedar fuera; ese continente que crece desbordándose de sí mismo ante tanta algarabía, bullicio y esplendor.

En la mayoría de sus canciones se mezclan, amalgamados, la tradición de una ciudad no urbanizada y la “modernidad del progreso”; la transformación de un “México moderno”, con barrios que poco a poco fueron convirtiéndose (aunque fuera sólo de nombre) en colonias y unidades habitacionales, con vecindades redificadas en multifamiliares, y calles y avenidas, ahora pomposamente llamados ejes viales.

Dentro de este entorno semiurbano, Chava captura innumerables costumbres, hábitos, rutinas, oficios, juegos, chismes, nombres, rumores, amores, peleas, diversiones, comidas, vicios, decepciones amorosas, vicisitudes del matrimonio, y desde luego la idiosincrasia del mexicano, soñador como ninguno otro en el mundo. Y por si fuera poco, todo esto dicho con nuestra particular forma de hablar, en donde el “doble sentido” cobra pesó, y el albur aparece de pie, parado pues; para que uno se siente a escuchar la obra de El Chico Temido de la Vecindad,[6] quien en su pueblo Tejeringo el Chico, tuvo una tienda, y que nos cuenta:

Tuveuna tienda en mi pueblo, precioso lugar,

te vendía de un camote de Puebla a un milagro a san Buto,

pitos, pistolas pa´ niños te hacía yo comprar,

pa´ tu cruda una panza, te inflaba una llanta al minuto…[7]

Por ello las aportaciones de la obra de Chava Flores no son menores. Sus letras son un retrato costumbrista de la ciudad que lo mismo lo vio divertirse que tener trabajar. Un retrato que puede y deber ser observado desde las más variadas disciplinas: la Sociología, la Urbanística, la Política, el Derecho, la Lingüística y sobre todo como una fuente para la Historia.

Sus relatos en los que se hace presente La Esquina de su Barrio, la Boda de Vecindad y Los Gorrones; así comolos viajes en El Metro para disfrutar de Dos Horas de Balazos en los cines de barriada, nos remiten a un contexto social que si bien puede resultarnos próximo y familiar, también se encuentra ya desaparecido: aquel que vivieron nuestros padres y abuelos. De hecho el mismo Chava Flores justifica sus creaciones: “yo trato de evocar algo muy bonito como fue el recuerdo de mis padres, de mi vecindad de mis vecinos, de los vendedores ambulantes, todos los sucesos que ocurrieron en las vecindades […]  estos son recuerdos míos, de mi niñez”[8]

Observando de manera íntegra la obra de Chava Flores, casi doscientas canciones, es posible afirmar que es un retrato de la vida misma de la ciudad de México, a través de conductas que día a día le dan un colorido especial y una esencia propia. Es decir las letras de Chava Flores, son la representación musical de nuestra ciudad que abarca desde los nacimientos hasta velorios pasando por las fiestas de quinceaños, cumpleaños, bodas, la nota roja y los prostíbulos.

De manera individual, cada una de sus canciones son historias completas en sí mismas y ninguna de ellas deja de asombrar y conquistar a quienes por primera vez las escucha. A la par, como se ha mencionado, sus letras tienen el particular sentido del humor del mexicano, que aún en la tragedia, la pobreza o la represión, como en aquella canción de El Hijo Del Granadero, no dejan de ver el lado positivo de la situación.

“Vino la Reforma a Peralvillo, ora sí las Lomas ya semos[9] vecinos ya sabrás, mamón[10] lo que es el bolillo […]. Dijo Colón: yo ya Colón, he descubierto que en Tepito hay buen pulmón,[11] Cuauhtémoc fue, que mal le fue. ¡Hasta la lanza le volaron,[12] oiga asté!” En estas breves líneas de la canción Vino la Reforma, además del humor, se puede observar una de las características esenciales de obra de Chava Flores, el uso popular, coloquial y sencillo del lenguaje. Con él en breves minutos, nos da cuenta de todo un cúmulo de acontecimientos, costumbres y modismos, haciendo énfasis incluso, de las distancias económicas entre las clases sociales.

Igualmente en la conocida canción Peso Sobre Peso, llamada también La Bartola, Chava Flores musicaliza y pone en evidencia uno de los conflictos económico-matrimoniales más conocidos por aquellos que como diría el propio Chava, noche a noche duermen con el enemigo a su lado: El eterno pleito para que la señora de la casa haga rendir el gasto,[13] dado por su marido.

En los Relatos de mi Barrio que ya se han mencionado, Chava Flores hace sentida y elocuente narración del porqué nace esa canción. [14] Historia que por estar ahí mejor contada de lo que aquí se podría narrar, no transcribo, pero a la que sí añadiré algunos comentarios.

Mira Bartola,

ahí te dejo esos dos pesos;

pagas la renta,

el teléjono[15] y la luz.

De lo que sobre

coges de ahí para tu gasto,

guárdame el resto

pa´ echarme mi alipuz.[16]

El dinero que yo gano

toditito te lo doy;

Te doy peso sobre peso,

siempre hasta llegar a dos…[17]

Sin embargo, el encargo de cuidar y hacer rendir los pesos, no es lo único que se observa y que puede extraerse del reclamo del marido a la pobre Bartola. Sí abundamos en el contexto general de cuando la canción fue escrita, podremos comprender que los roles sociales y familiares estaban definidos inmutablemente: la mujer infatigable y abnegada, era la encargada de llevar a cabo las labores de la casa, dependiendo íntegramente de las aportaciones económicas que el marido le diera para el sustento familiar.

Igualmente, en lo no dicho expresamente por la canción, se hace visible la relación de poder entre los cónyuges, teniendo como elemento esencial el dinero. En ella, la voz masculina impone a pagar “la renta, el teléjono y la luz. [y] de lo que sobre, coge[r] de ahí para [s]u gasto…”. Debiéndose aclarar que ese gasto, es el gasto para los enseres domésticos, no para el goce y disfrute de La Bartola, quien recibía peso sobre peso, siempre hasta llegar a dos.

En la subordinación de la Bartola frente al imperativo de su peor es nada, puede observarse un cierto sometimiento de uno de los cónyuges por el hecho de que el otro sea el que aporte lo económico para el sostenimiento familiar. Actualmente, cuando este sometimiento ocurre con agresión y ánimo denigrante, puede calificarse como violencia económica; una parte del todo, llamado violencia intrafamiliar o doméstica.

Finalmente y casi sin dejarse sentir, Chava Flores hace mención a una de las adicciones más añejas y entrañables del mexicano: el alcoholismo. El simpático interlocutor de la Bartola le solicita, que después de haber hecho artificios económicos con el gasto, le guarde el resto (¿y le  sobrará algo?) para echarse su alipuz.

Aunque el alcoholismo es uno de los problemas sociales que más han marcado a la sociedad mexicana, Chava Flores lo retrata y lo hace ver de una manera festiva, amigablemente propia y llena de colorido, como todas las problemáticas sociales que aborda. Aunque en distintas canciones como La Esquina de Mi Barrio, Cerró sus Ojitos Cleto, Los Gorrones o La Tertulia, el cantautor menciona el alcoholismo de sus personajes, es en Mi Amigo Nacho y Los Pulques de Apan en donde retoma la temática de lleno.

En la primera de ellas, el buen amigo Nacho recibe las recomendaciones de un tal vez también alcohólico que le implora:

Nacho… No seas borracho.

Ya no me tomes de ese mugre tanguarniz

porque te vas a poner gis

y no te sabes controlar mano!

Nacho… mira muchacho,

oye el consejo de este humilde borrachín

que se quedó sin porvenir

no’más por venir a este lugar, ¡viejo![18]

Sin embargo, el gozo no se puede contener y en Los Pulques de Apan nos muestra la festividad con que se vivían las inauguraciones de las pulquerías, que todavía hasta los años sesentas del siglo pasado, abundaban en plena ciudad de México.

El pretexto para hacer esta canción también es mencionado en los Relatos de mi Barrio que ya se ha referido. Sin embargo, más allá de lo explicado en aquella obra bibliográfica, en la letra de la canción podemos reconstruir casi a la perfección el entorno de una pulquería de aquellos días:

Se inauguró en la colonia Pensil
la pulquería de Osofronio el mayor.
Los Pulques de Apan se llama el cubil
y hubo banderas a todo color.

Con vil fuchina pintó el aserrín
con que adornara banquetas y salón.

Dio de regalos, platos y jarros
con enchiladas que hicieron ahí;
harto confeti, globos y cohetes,
y hasta una banda que nos tocaba así.

Ricos curados de tuna y melón,
de avena, piña, de fresa y limón.

Su carbonato pa’l tlachicotón,
jarro caliente, tarrito o “camión”.

Pa’ las mujeres, “Entrada especial”.
servicio en l’obra, por si es asté albañil;
cuando cerramos, pos le toreamos.
Para sus fiestas prestamos barril.

Los Pulques de Apan, los que solapan
los cuetes diarios de toda la Pensil.[19]

La descripción es tal que no hace falta mucha explicación, tal vez sí, hacer mención nuevamente a los roles sociales de la época, en donde existía la restricción a las mujeres para entrar a esos “establecimientos de vicio”, impedimento aún vigente en algunas cantinas de la provincia, y en donde sólo por un evento importante, podían tener “entrada especial” como flamantes invitadas.

Es en ese escenario de festividad cotidiana que Chava Flores, nos muestra una de sus obras más emblemática, Sábado Distrito Federal. En ella, no se escapa detalle alguno de las diversiones para “ricos y pobres” de la capital. Todos los sectores de la población son aludidos sin disimulo: los vagos, los potentados, los turistas, la burocracia y la alta sociedad. La intensión de todos ellos es divertirse, no importa si hay con que pagar o dejan el reloj que luego irán a sacar del Monte de Piedad, o si la familia no recibió el gastó y no comió; porque el sábado, ese peso sobre peso que La Bartola tenía que hacer rendir, se quedó en la billar o el dominó.

Sábado Distrito Federal, es la narración en la que la ciudad entera se divierte, baila ríe y come; la narración de aquel que busca la fiesta después de sus obligaciones que no cumplió, del que sigue el baile bien entrada la madrugada, y al que no le importa si hay o no dinero para continuar, ya verá como en muchas otras veces, qué empeñará para salir del paso.

Sábado Distrito Federal,

¡Ay, ay, ay!

[…].

Los almacenes y las tiendas son alarde

de multitudes que así llegan a comprar,

al puro fiado porque está la cosa que arde,

al banco llegan nada más para sacar.

El que nada hizo en la semana está sin lana,

va a empeñar la palangana, y en el Monte de Piedad

hay unas colas de tres cuadras las ingratas,

y no faltan papanatas que le ganen el lugar.

Desde las doce se llenó la pulquería,

los albañiles acabaron de rayar,

¡Que re’ picosas enchiladas hizo Otilia,

la fritangera que allí pone su comal!

Sábado Distrito Federal,

¡Ay, ay, ay!

La burocracia va a las dos a la cantina,

todos los cuetes siempre empiezan a las dos,

los potentados al Enjoy con su charchina,

pa’ Cuernavaca, pa’ Palo Alto, ¡qué sé yo!

Toda la tarde pa’l café se van los vagos

otros al pókar, al billar o al dominó,

ahí el desfalco va iniciando sus estragos,

¿y la familia? ¡Muy bien, gracias, no comió!

Los cabaretes en las noches tienen pistas

atascadas de turistas, y de la alta sociedad,

pagan sus cuentas con un cheque de rebote

o “ahí te dejo el relojote, luego lo vendré a sacar”

Van a los caldos a eso de la madrugada

los que por suerte se escaparon de la Vial

un trío les canta en Indianilla, donde acaban

ricos y pobres del Distrito Federal,

así es un sábado Distrito Federal,

Sábado Distrito Federal,

Sábado Distrito Federal.[20]

Pero esta diversión, desparpajo y desdén por tomar con seriedad la vida tiene sus causas y consecuencias. Para Chava Flores se debe a que el mexicano es muy soñador. Por eso, concienzudamente se llegó a preguntar en una de sus composiciones más significativas ¿A qué le Tiras Cuando Sueñas? En ella, de manera provocativa, cínica y directa pone en evidencia  el estado de confort, físico y mental, en que vive día a día el mexicano:

¿A que le tiras cuando sueñas mexicano?

Hacerte rico en loterías con un millón.

Mejor trabaja ya levántate temprano,

con sueños verdes solo pierdes el camión.

¿A que le tiras cuando sueñas, mexicano?

Deja el tesoro que Cuauhtémoc fue a enterrar.

Cuántos centavos se te escapan de la mano

buscando un taxi que jamás te ha de llevar.[21]

La mera pregunta es también una pretensión de Chava Flores para sacar del marasmo y apatía a la mayoría de clase media que sueña con vivir bien con el mínimo esfuerzo, de ganarse la lotería y ser ricos, aún sin haber comparado el boleto; de esa clase media que sueña con el milagro mexicano en el mundial, con un buen “hueso” dado por compadrazgo y no por esfuerzo o capacidades, y por eso concluye preguntando ¿A que le tiras cuando sueñas sin cumplir?

Sin embargo, a pesar de sus cuestionamientos, Chava es fruto de su entorno y no puede quedar fuera de su propia obra, él mismo, tirándole a soñar nos dice: “Si volviera a nacer, quisiera ser rico el mismo pero rico. Nada más para ver se siente.”

Y pareciera que eso de volver a nacer lo está intentando, porque desde el 5 de agosto de 1987 en que Chava “el fufuy sus ojitos cerró, [y] todo el equipo al morir entregó,”[22] no se le ha visto por nuevamente. Por fortuna nos dejó todas sus canciones, difundidas por ediciones Ageleste; que seguirán acumulando un valor sustancial para contar a las siguientes generaciones, la vida y cotidianidad de la ciudad de México del siglo XX.

Para concluir debemos decir que muchas y muy diversas son las aportaciones que Chava Flores nos dejó en cada una de sus canciones. Basta mencionar que sus letras pueden ser observadas desde distintos ámbitos del conocimiento y que a todos aportan en lo sustantivo. Incluso en la plática y los dichos populares tiene su presencia y gran influencia, y que por ello, no dejará de ser admirada al escuchar de aquella Ingrata Pérjida; de suromántica insoluta, que bien pudo ser su Ciudad de México que lo vio nacer y a la que sentenció: “ahora tú, tú me sobras y yo te falto a ti…”[23]

[1] Chava Flores, El Gato Viudo.

[2]Las creaciones musicales de Francisco Gabilondo Soler “Cri-crí” (1907-1990) y de Rockdrigo González (1950-1985) bien deben considerarse similares, a la obra de Chava Flores (1920-1987) como crónicas musicales de la ciudad de México, manteniendo en ambas su debida proporción. Proponiendo una cronología de estos tres cantautores, podríamos establecer que Cri-crí, aparecería en un primer lugar describiendo en varios de sus breves relatos musicales, un medio rural y colectivo que poco a poco dio paso a un entorno semiurbanizado de los años treinta a los cincuenta. El Comal y la Olla, Caminito de la Escuela y El Gato de Barrio son ejemplo esa crónica de la ciudad de México en algunas de sus obras. Posterior a él, situamos a Chava Flores,con música yletras que abordan temáticas (como vemos en este texto) de una ciudad que comienza a crecer durante los años cuarenta a los sesenta, en donde la colectividad urbana todavía es importante y se encuentra muy presente. Vino al Reforma y Llegaron los Gorrones son ejemplo de ello. Finalmente Rockdrigo González cerraría esta trilogía de cronistas musicales, con relatos de una ciudad completamente urbanizada en donde además, se mezclan la individualidad y  la soledad de sus habitantes, frente a una indiferencia a problemáticas sociales que aun hoy tienen actualidad. Violencia, raptos, adicciones, problemáticas laborales y económicas, se observan en canciones como Solares Baldíos, El Metro Balderas o La Balada del Asalariado. Sin lugar a dudas, un estudio más detallado de estos tres compositores podría arrojar mayores elementos que sustenten esta propuesta.

[3] Tomado de http://www.chavaflores.com.mx/maschava.html, Méndez Nacho, Chava Flores, Cronista musical de México, en revista “A pie”, año 3, núm 10.

[4] Flores Rivera, Salvador. Relatos de mi Barrio. 2ª reimpresión de la 3ª Edición. Ageleste, México 1998. p.3.

[5] Ibídem p.4

[6] Las letras en cursivas corresponden a los títulos de canciones de Chava Flores.

[7] Chava Flores. Tuve una Tienda en mi Pueblo.

[8] Entrevista a Chava Flores en http://www.chavaflores.com.mx/maschava.html

[9] Somos.

[10] Dice Chava Flores que el Mamón, era un pan elaborado con mucha más mantequilla que el simple panqué y por lo tanto más fino y más delicado. Aquí la usando la versatilidad del lenguaje también usa la palabra para referirse a personas petulantes y muy exquisitas en sus formas.

[11] Dada la versatilidad de las expresiones populares para otorgar sobre nombres a hechos o cosas, Chava Flores usa  la palabra “pulmón” para referirse al “pulque”.

[12] Igual que en la cita anterior, Chava Flores usa  la palabra “volaron” en vez de “robaron”.

[13] Manutención económica que el hombre o la mujer proveen para la familia.

[14] Flores Rivera, Salvador. Op. Cit. Pp. 125-141.

[15] Teléfono.

[16] En el lenguaje popular mexicano es utilizado como sinónimo de bebida embriagante.

[17] Chava Flores. Peso Sobre peso.

[18] Chava Flores. Mi Amigo Nacho.

[19] Chava Flores. Los Pulques de Apan.

[20] Chava Flores. Sábado Distrito Federal.

[21] Chava Flores. ¿A que le tiras cuando sueñas?

[22] Chava Flores. Cerró sus Ojitos Cleto.

[23] Chava Flores. Ingrata Pérjida.

Categorías:Músicos

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