Octavio Paz y nuestro laberinto de la soledad

No pasarán.
¡Cómo llena ese grito todo el aire
y lo vuelve una eléctrica muralla!
Detened al terror y a las mazmorras,
para que crezca, joven, en España,
la vida verdadera,
la sangre jubilosa,
la ternura feraz del mundo libre.
¡Detened a la muerte, camaradas!
(Fragmento del poema ¡No pasarán! (1936)

Karen Soto

Han pasado ya cien años desde que la Ciudad de México recibió entre la guerra a Octavio Paz Lozano (31 de marzo de 1914). Como siempre la sangre hace de las suyas: en su caso -hijo de un militante zapatista, nieto de un juarista- en la obra de Octavio Paz es notable la reflexión política no radical, más bien, en la lectura de sus textos pueden notar la iluminación en la verdad de las palabras, nos toma de la mano y nos acompaña a abrir puerta por puerta de todas las mentiras políticas, sociales y religiosas milenarias. Nos dice “piensa, reflexiona, ten criterio, juzga”.

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Inició la publicación de sus obras siendo un joven de diecisiete años. La poesía lo sedujo primero. Dos años después publicó un poemario completo titulado Luna Silvestre (1933). Su inquietud por la rectitud política lo llevó a viajar a España, donde era parte del grupo de escritores antifascistas. España, entonces, también era la cuna de varios artistas que sufrían la persecución y la censura.

En 1945 viaja a París con financiamiento del Servicio Exterior Mexicano. Conoce a figuras intelectuales que redefinieron algunos valores políticos en Octavio Paz. Cuando regresa a México crea las revistas Taller y El Hijo Pródigo. Publica ¿Águila o sol? ( 1951), poemario en prosa de tipo surrealista, con el cual abrió una de sus múltiples puertas en los géneros literarios, sin duda uno de los mejores trabajos del autor.

Llega unos años más tarde El laberinto de la soledad (1950) y Libertad bajo palabra (1960), libros de poemas en los que cuestiona la identidad del mexicano.

De 1960 a 1968 viaja a la India como embajador mexicano. Sus horizontes artísticos se elevaron una vez más creando así Blanco (1967) y Toponemas (1968), ambas con un nuevo formato poético. Como muestra de rechazo por la matanza del movimiento estudiantil de 1968 renuncia a la embajada hindú y regresa a México.

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Su vida política no fue tan activa como en años anteriores después de los setentas, pero su productividad artística no se detuvo. Entre otras muchas obras tenemos en poesía: Pasado en claro, (1975); Poemas (1935-1975), (1979); Prueba del nueve, (1985); Árbol adentro, (1976-1987). En ensayo: Teatro de signos/transparencias, (1974); La búsqueda del comienzo, (1974); Tiempo nublado, (1983); Poesía, mito, revolución, (1989). En prosa solo encontramos El mono gramático (1974) y La llama doble 1993).
En 1990 recibió el Premio Nobel de Literatura siendo el primer mexicano en recibirlo.

De toda la gran variedad de géneros y temas que expertamente manejó Octavio Paz, el tema de la “mexicaneidad” que plantea en El laberinto de la soledad es uno de los más controversiales. Ha sido tachado de malinchista (siendo curiosa la ironía), sin embargo, no se puede negar la verdad. Quizá duela. Quizá algunos mexicanos sienten incomodidad al enfrentarse a sí mismos, a ver reflejado en palabras la historia de su vida: el temor, la inseguridad, la búsqueda por el reconocimiento y una identidad.

Desafortunadamente la historia está llena de abandonos y mentiras de los que fueron nuestros líderes. Lo que nos enseñó la historia es que el que “abre” su persona, en automático está disponible para la traición y la burla. Eso mismo pasó en la llegada de los españoles a Tenochtitlán: Moctezuma “abriendo” las puertas de la ciudad, entregando sus secretos, sus tesoros y su dignidad.

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Bien podría ser justificación. Aprendemos por las experiencias y siendo un país claramente arraigado a las tradiciones y costumbres no sorprende que no queramos volver a tener confianza en nadie.

El mexicano (hombre) es quien menos puede mostrarse porque es él representante de todas las cualidades de poder, no puede sentir o llorar porque entonces su hombría es desechada, se “abre” su debilidad y claro, es objeto de desprecio y burla inmediata. Con el sarcasmo logramos desorientar a las personas, pude notar que su significado se diversificó conservando sus propiedades; la desorientación es símbolo de inteligencia en quien logra confundir, la claridad no le daría el toque de egoísmo que buscamos. Ningunear al prójimo es divertido, la burla de sus incapacidades nos aleja de las nuestras, no fijamos la vista en nuestras carencias intelectuales. Es preferible burlarse de otras.

La mexicana ya está rebaja de nacimiento, ella es motivo de uso de poder y recaimiento de las desgracias ajenas sin poder volverse a las suyas. Con la liberación actual de la mujer y la mentalidad más abierta a la homosexualidad se están contrapunteando las creencias, las madres que trabajan y cuidan a sus hijos son las que ya no se pueden permitir una invasión a su intimidad. El pasado simbolismo propio de la mujer es lo que lleva a la idea errónea de que están faltando a su familia. Se revolucionó su campo laboral pero no familiar: las obligaciones de su papel se sobreponen a las de su integridad.

La realidad del mexicano persiste después de tantos años y, al parecer, el retroceso a la impunidad, a la esclavitud y a la dictadura va en aumento. Tenemos que aceptarnos, unirnos y caminar hacia adelante.

Categorías:Letras

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