La fotografía y sus usos en México.

Segunda parte

Víctor Edgardo Galván Vargas

elabogadorupespestre@hotmail.com

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En el número anterior de Revista Latinoamericano, abordamos algunas de las principales aplicaciones que se dieron a la fotografía a su llegada al puerto de Veracruz en 1839, desde la simple captación de imágenes, hasta su uso como testimonio bélico y como un elemento publicitario, dando igualmente sus primeros pasos como un trabajo artístico.[1] En estas líneas haremos mención de François Aubert, fotógrafo que se desempeñó durante el Segundo Imperio en nuestro país, entre 1864 y 1867, y  de algunas fotógrafas que desde la segunda mitad del siglo XIX han dado realce a la fotografía en México para finalizar con unas breves líneas de Tina Modotti, fotógrafa activa en nuestro país en la década de los años veinte del siglo XX.

La versatilidad de la fotografía despertó el interés tanto de quienes la creaban, como de aquellos que admiraban estos avances tecnológicos. A mediados del siglo XIX todavía existía un asombro por ver personas, objetos y  monumentos, plasmados en un trozo de papel conservado sus debidas proporciones.

Por ello, la especialización en un gremio que comenzaba a crearse no se hizo esperar, y muchos fotógrafos lograron posicionarse en sectores adinerados de la sociedad. Según Olivier Debroise “a mediados de la década de 1860 los fotógrafos ya habían dejado de ser científicos experimentadores o pintores convertidos. […] Por regla general, el fotógrafo mexicano del XIX pertenece a la clase acomodada, única susceptible de adquirir en el extranjero sus preciosas y cada vez más sofisticadas herramientas…”[2] Por ello, fue común que fotógrafos extranjeros se avecindaran en nuestro país poniendo a disposición los servicios de sus estudios fotográficos para quienes pudiera pagarlos.

Uno de estos fotógrafos fue François Aubert, el más representativo y “conocido entre los fotógrafos extranjeros que se establecieron en México durante el Imperio [1864 y 1867], durante el primer boom de la fotografía”.[3]

Aubert nació en Lyon, Francia en 1839 y después de haber estudiado pintura llegó a nuestro país en 1864 junto a las aspiraciones imperiales de los grupos conservadores del país. A su llegada, se asoció con dos fotógrafos de los que apenas se tiene registro. Julio de María y Campos y alguien de apellido Torres.

La labor de François Aubert tiene su relevancia ya que puede ser considerado como uno de los pioneros de la “fotografía oficial”. En este sentido, Aubert se encargó de “realizar series de retratos de figuras de la política y la sociedad del momento, como los retratos oficiales de Maximiliano, Carlota,  de Bazaine y su esposa Pepita, diversas damas de la corte, chambelanes y edecanes […]  el estado mayor del general Bazaine sentado en una banca […] o la muy curiosa vista panorámica del emperador y su corte jugando cricket en los baldíos que circundaban el Castillo de Chapultepec.” [4]

Estas imágenes tomadas o atribuidas a Aubert, por ostentar el escudo imperial y la dirección de su establecimiento fotográfico, pueden considerarse como los inicios de la “prensa oficial” en nuestro país; encargada aun hoy en día, en mostrar la parte pública de funcionarios y personajes insertados en la elite política y gobernante del Imperio. De hecho “era un placer tener fotos del Emperador y la Emperatriz, más aún, ser testigo de su paso por el país a través de otra diversidad de fotos de ellos, de su palacio, de su gabinete, de su armada. Antes de ellos ninguna otra figura de gobierno en México había utilizado la fotografía como propaganda [-añadiéndole- política].”[5]

Aubert capturó la presencia de la clase gobernante del país en sus más distintas actividades, pero siempre de un modo oficialista buscando una proyección pública y política. Hecho que bien conocemos en la actualidad.

Por otro lado, las imágenes de Aubert también pueden marcar un cierto “inicio” en la gráfica en la lente de la prensa de nota roja en nuestro país. “Es probable, además, que el primer y más importante reportaje gráfico en la historia de México sea el seguimiento a lo ocurrido en Querétaro: el fusilamiento de Maximiliano. Sus imágenes antes y después dan cuenta de un momento.”[6] Aubert o sus socios, dieron “el espacio” a la caída de Imperio, que concluiría con el fusilamiento de Maximiliano, Miramón, Mejía y Méndez.

La “cobertura fotográfica” de este hecho, se dio a través de las imágenes que van desde la primera cárcel en que estuvo preso Maximiliano, el teatro Iturbide, en donde se llevó acabo su juicio militar y su final ejecución en el Cerro de las Campanas, incluyendo un “epílogo fotográfico”, con la imagen de los restos embalsamados del emperador en su ataúd, y una imagen más de las ropas ensangrentadas que llevó Maximiliano en el momento de su ejecución. Por ello esta etapa del trabajo de Aubert puede ser entendida desde distintos puntos de vista, como el reportaje fotográfico y el inicio de los criterios de la fotografía como elemento discursivo de la violencia.

Las imágenes de la muerte de Maximiliano, que después de 1867 serían comercializadas por François Aubert en Europa, y que por ello se le atribuyen, encierran en su fondo la esencia de la gráfica de la nota roja: la creación de un discurso que retoma y muestra la crueldad de la violencia[7] (esto aun cuando años más tarde, la imagen fotográfica se agregaría a los textos sensacionalistas, que ya existían desde siglos anteriores).

Sin embargo, la fotografía no estuvo supedita ni a lo oficialista ni a la nota roja y mucho menos al quehacer masculino. Muchas mujeres adoptaron esta nueva actividad para el desarrollo de su vida profesional ya sea con fines comerciales o con intereses artísticos. Rebeca Monroy menciona que “es necesario rescatar y estudiar el trabajo desarrollado por las mujeres en el territorio nacional, y contemplar la obra de todas aquellas que ha tomado imágenes con fines artísticos, antropológicos, étnicos, comerciales propagandísticos, documentales, fotoperiodísticos, testimoniales, científicos o meramente personales.”[8] Auténtica necesidad y de gran actualidad, por ello siendo este número de la Revista Latinomericano dedicado a la mujer, no se podrían dejar de lado sus aportaciones y presencia en la fotografía en México.

Desde el último tercio de la década del siglo XIX muchas mujeres se volcaron a la actividad fotografía. Concepción Muñoz, María M. Alatriste, Ángela Díaz de León de Aguascalientes,  Gertrudis G. Cerda, en Michoacan, los hermanos y hermanas Torres, en la ciudad de México, Claudia H. González.[9] Caso especial, menciona la historiadora Rebeca Monroy, es Baquedano, quién se trasladó de la ciudad de Querétaro a la ciudad de México, estableciendo su estudio fotográfico y aplicando sus técnicas sobre papel platinado, albúmina, seda, porcelana, metal, etc. [10]

La incorporación de las mujeres dentro del ambiente fotográfico dio una estética distinta a las producciones fotográficas y un giro a las propuestas artísticas. No así la resistencia de parte del género masculino hacia las nuevas fotógrafas. Muchas de ellas era desacreditas en revistas y diarios que dejaban ver cierto celo en la actividad femenina dentro de la fotografía.

Siguiendo el artículo Mujeres en el proceso fotográfico 1880- 1950, podemos encontrar la siguiente cita: “De estas escuelas [la Malina Xochitl] salen la mayor parte de niñas petulantes con la creencia de que son artistas, como aconteció con alguna de estas señoritas a quien la audacia y falta de criterio de su profesora le hizo creer lo que ya hemos dicho y la hizo instalar un estudio de la avenida Madero como artista de primera clase naturalmente el fracaso fue redondo…”[11]

Sin embargo a pesar de las críticas, para los años veinte ya del siglo XX, el nombre de una extranjera comenzó a figurar en el ámbito fotográfico y el nombre de Tina Modotti aun hoy, es reconocido entre muchos.

Assunta Adelaide Luigia Modotti, nació a finales del siglo XIX en Italia, migró a los Estados Unidos a los 17 años y posteriormente, llegó a México a inicios de la década de los años veinte en pleno procesos posrevolucionario, de reconstrucción nacional y de gran dinamismo artístico y cultural.

Diversas publicaciones han dado cuenta de su vida, Tina Modotti: Una Vida Frágil, Tinisima, en las que se narra su incursión en Hollywood, su llegada a México y sus vínculos con artistas como Diego Rivera  y Frida Kahlo, su filiación comunista y el asesinato de su camarada Julio Antonio Mella, también su relación con Edward Weston también fotógrafo, su expulsión y regreso al país, así como su muerte.

Los primero pasos de Tina Modotti en la fotografía se dieron a través de Weston por ello se reflejan cierta influencia de su maestro en su quehacer artístico. Sin embargo cuando Weston salió del país, Modotti comenzó a involucrarse más en el ambiente cultural y artístico de los años veinte.

Aunque Tina Modotti llevó a cabo trabajos comerciales, su presencia se observa en los trabajos artísticos que logró plasmar detrás de su lente. En la mayoría de las tomas de Modotti se puede apreciar un sentido de realidad social, así como la construcción que vivía la nación en aquellos años. “Ella se interesó en enaltecer el trabajo obrero y campesino, entendidos como fuerzas productivas indispensables para el cambio -revolucionario como reveladores de la explotación.”[12]

Muchas de sus imágenes plasman una conceptualización revolucionaria, el sombrero de charro, una hoz y un martillo, dan cuenta de la filiación política y el compromiso que con ella sentía Modotti. Ella fotografió la rudeza del campo sin ese imaginario idílico de sus arquetipos y mostró su propia perspectiva: “documentar y enaltecer la vida dura del campesino, las expresiones populares y artesanales mexicanas, las pinturas de pulquerías, las marionetas del teatro populares piñatas y los juguetes mexicanos.”[13]

Tina Modotti no es la única fotógrafa del siglo XX, como hemos mencionado existen muchas otras artistas y/o trabajadoras de la lente que debe ser estudiadas, conocidas y reconocidas como hacedoras, partícipes de la historia de la fotografía de nuestros días.

Igualmente, el estudio de los usos de la fotografía como elemento de propaganda política de manera “oficial”, como elemento ilustrativo en la prensa, como un elemento artístico y como documental, arrojará en lo futuro nuevos nombres de hombres y mujeres que sin duda terminarán de fijarse en plata y gelatina como parte de la historia de la fotografía.


[1] Galván Víctor Edgardo. La fotografía y sus usos en México… en Revista Latinoamericano. Número 5, febrero 2014.  En línea. http://issuu.com/revista_latinoamericano/docs/revista_latinoamericano_-_feb

[2] Olivier Debroise, Fuga Mexicana, un recorrido por la fotografía en México. Lecturas mexicanas, CONACULTA México, 1994. p.42,43

[3] Ibídem. p. 206.

[4] Ibídem. p.207

[6] Ibídem.

[8] Monroy Nasr Rebeca. Mujeres en el proceso fotográfico 1880- 1950, en Alquimia. Número 8, enero-abril de 2000. CONACULTA INAH. p.7.

[9] Ibídem. p. 8.

[10] Loc. Cit.

[11] Citado en Monroy Nasr Rebeca. Mujeres en el proceso fotográfico 1880- 1950, en Alquimia. Número 8, enero-abril de 2000. CONACULTA INAH. p.13.

[12] Figarella Mariana. Eduard Weston y Tina Modotti en México. IIE. UNAM. 2002 . p. 166-167

[13] Ibídem 167.

Categorías:Fotografía

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