México, mágico, soberbial…

Mario Alberto Victorino
Del latín superbĭa, la soberbia es definida por la Real Academia Española (RAE) como el apetito desordenado de ser preferido a otros. La soberbia implica la satisfacción excesiva por la contemplación propia, menospreciando a los demás. El soberbio se siente mejor y más importante que el prójimo, a quien minimiza de forma constante. Por eso se comporta de manera arrogante y suele generar rechazo entre el resto de la gente.Fernando Savater la describe así: “La soberbia no es sólo el mayor pecado según las escrituras sagradas, sino la raíz misma del pecado. Por lo tanto de ella misma viene la mayor debilidad. O se trata del orgullo de lo que tú eres, sino del menosprecio de lo que es el otro, el no reconocer a los semejantes”.
Lo que por obviedad sería adoptar una mirada reflexiva nos llevaría a descubrir que detrás de este tipo de personalidad se esconde el temor a asumirse tal cual se es. Es el miedo el que habla detrás de cada acto de soberbia. El miedo a no ser aceptado, considerado, respetado o amado. Pero ¿Cuáles son las actitudes que debemos identificar para reconocernos como entes soberbios?
Sentido de Identidad o identificación.
Sentido de posesión o dueño de algo o alguien.
Sentirse superior.
Sentirse con derechos adquiridos.
Sentirse indispensable.
Sentirse dueño de la razón (certeramente irrefutable)
Yéndonos a terrenos más cercanos, la soberbia ha sido un lastre para la sociedad en México inculcada por su mismo orgullo idiosincrático, la mexicanidad, esta palabra que llega a nosotros en la edad infantil, palabra acompañada de acciones y por supuesto omisiones, crea en nosotros una separación con relación a los que pertenecen a otras nacionalidades, lo cual es utilizada para hacernos actuar en cual o tal modo de acuerdo a nuestra conveniencia. Este mismo concepto es aplicable al apreciar, despreciar o menospreciar a los que nacen en otras regiones, lugares, sean o no de un mismo país. La polarización en este sentido sería merecedora a otros ensayos más autocríticos como sociedad mexicana.
Y así crecemos (biológicamente), es entonces que a menudo sentimos orgullo por nosotros mismos al reconocer nuestros éxitos o mejoras, cuando ese auto-reconocimiento se transforma en soberbia, su objetivo pasa a alimentar nuestro ego y vanidad. La soberbia, se vuelve parte de nuestra vida cotidiana y, a veces, esa altivez inexplicable adquiere formas diversas que se van entrelazando vanidad, vanagloria, sobre-autoestima, ostentación, hipocresía, jactancia, celos, violencia, rencores, prepotencia.
Del 88% al 83% de la población se asume como católica, raro es entonces que en México la soberbia crezca de manera viral casi desapercibida entre la población ya que este estado es considerado para esta religión apostólica como uno de los más graves pecados capitales. Es el principal de los pecados capitales. Recordemos que por esta falta, según la teología cristiana, el hombre fue expulsado del jardín del paraíso. Es una ofensa directa contra Dios, en cuanto el pecador cree tener más poder y autoridad que Dios. En general es definida como “amor desordenado de sí mismo”. Según Santo Tomás la soberbia es  “un apetito desordenado de la propia excelencia”.
Entonces ¿por qué somos soberbios? También dentro de nuestro chauvinismo, proveniente en nosotros de una “venganza cultural” a los españoles, nunca hubo una separación de la llamada Madre Patria, nos jactamos de una liberación que como demostró Octavio Paz nunca existió, nos vimos atrapados entre dos mundos, dos culturas y lamentablemente algo que quedó en nosotros, de manera negativa, fue la inferioridad, la discriminación y el “famoso” malinchismo. Estas tres costumbres que llevamos arrastrando, una fuertemente ligada a la otra, son las que más nos han definido como lo que somos y también las que han formado nuestra tan particular soberbia.
Constantemente, en México, creemos que al poseer o creer poseer de manera excesiva o no (conocimiento, dinero, poder, etc.) nos da derecho a que actuemos de maneras groseras que nos extralimitemos en actitudes, ejemplos en este país hay varios quien no ha escuchado tantas veces frases como “No sabes con quién te metes, pendejo, pinche gato” dichas por un empresario judío de nombre Miguel Sacal Smeke apodado en losmass media como Gentleman de las Lomas ó esta, ofrecidas por una ex Reina de Belleza del estado de Puebla y una celebridad de la televisión conocidas como las Ladies de Polanco en las que se refieren a unos policías como “pinches asalariados de mierda” y así infinidad de casos que todos hemos visto, oído y sabido.
Esto último no es exclusivo de tiempos contemporáneos, y es que, también desde niños, como parte de nuestra educación académica primaria, se nos enseña la historia de una mujer indígena que hace que sintamos por vez primera lo que es la traición, una mujer que nos sustituye en la manera en que se co-relaciona con los conquistadores españoles y que prefiere vivir rodeada entre ellos, con ciertos lujos y comodidades, antes que ayudar a su propia raza, una mujer que demuestra soberbia a su propio pueblo y al mismo tiempo sumisión a los españoles, una mujer que con su conducta nos permitió definir lo que hasta nuestros días conocemos como “Malinchismo”.
Dentro de nuestra concepción creemos que estás actitudes caben sólo en personas con niveles “superiores” pero es justo aquí donde nuestra soberbia se define, cualquier oportunidad de una persona igual a otra, en términos monetarios, físicos, intelectuales, etc. es una oportunidad para hacer gala de nuestra soberbia. El tener “la razón en algo” puede generar conflictos cuando existen diferencias de opinión, allí la soberbia aparece levantando la voz y ofendiendo, en distintos niveles, al interlocutor. Pero hay que reconocer que estos conflictos que han llevado al ser humano al mundo de las irracionalidades también lo han encumbrado en las cimas excelsas del éxito, podríamos decir que hasta cierto punto es necesario ser soberbios, mostrar nuestro capital (póngasele el apellido que se le ponga) para llegar más allá y así superarnos en un mundo que fomenta constantemente la competencia.
En contraste el éxito en el servicio a los demás proviene de la humildad; cuanto más humilde, mayores logros obtendremos. No puede haber beneficio para el mundo sin la humildad. Una persona humilde puede adaptarse a todos los ambientes, por negativos que éstos sean; nunca dirán “no era mi intención decirlo”, según la actitud, las palabras reflejarán eso, entonces debemos cuidar nuestras palabras para no lastimar sin desearlo. Realmente el ser humilde trae consigo la verdad porque ves las cosas como son desde tu punto de vista, desde tu persona y tratándolo así, realmente el ser honesto contigo mismo es la mejor cualidad de cada persona, cualidad que te llevara a lograr realmente lo que quieras, a sentirte satisfecho de tus actos.
A pesar de que el arraigo de la soberbia es grande y contradictorio en nuestra sociedad también lo es el de la humildad, que en contraparte, está totalmente vinculada a personas que consideramos superiores, como principio es difícil saberse soberbio y aún más difícil es mostrar humildad sin la intención de hacerlo, dándonos cuenta de esto la búsqueda de un equilibrio entre estos estados tal vez sea lo que todos como sociedad esperamos.

Categorías:Opinión

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