Las raíces vivas de américa latina: su resistencia

Rocío Mendoza.
Nuestra Latinoamérica es pluriétnica y pluricultural. Se tiene conocimiento de por lo menos  por lo menos 671 pueblos originarios de los cuales 68 grupos etnolingüisticos se encuentran en México. La mayoría  de los pueblos originarios  latinoamericanos

se encuentran asentados en las zonas de bosques tropicales, en la selva,  pero también su presencia se ha extendido a las urbes latinoamericanas llegando a habitar espacios transnacionales.

Todos los pueblos originarios comparten condiciones estructurales que los tienen en situación de exclusión de los derechos básicos, de pobreza. Su organización, sus alianzas con otros sectores sociales y organizaciones civiles, su peso demográfico en su nación, donde en algunos casos alcanzan hasta el 70% de la población total  influyen en cómo viven y sobreviven física y culturalmente. 
Su resistencia ha estado presente en las páginas de la historia de Latinoamérica marcada por la lucha a su derecho a la autodeterminación, a un territorio,  a sus recursos a su cosmovisión, a la vida.  A vuelo de pájaro, desde sur del río Bravo podemos identificar las luchas  de los pueblos originarios  por todo el continente. En estas  se han encontrado desencontrado uno o más pueblos originarios.  Encontramos  por ejemplo a Belice  que se constituyó como nación independiente en 1981, donde la lengua oficial es el inglés pero donde la mayoría habla español. En este país existen cuatro grupos originarios:  garifuna -descendientes de negros africanos y amerindios-, maya, maya q’eqchí y mopán  la mayoría asentados en el sur  y conocido como de este pequeño territorio  cuyo nombre tiene un origen maya que significa “agua fangosa”, allí los originarios luchan  por su derecho a la lengua a su cultura principalmente la maya ante el embate  impulsado por su propio gobierno. Este territorio, aunque pequeño, ha dado cabida y suelo a otros grupos étnicos del continente principalmente mayas de Guatemala que durante los años 80 tuvieron una de las más cruentas persecuciones por parte de su gobierno. En Guatemala la realidad no ha cambiado de fondo para los grupos indígenas, en la última década más de medio millón de niños indígenas menores de 14 años  trabajan en el sector agrícola en condiciones de explotación de acuerdo a datos de la Organización Internacional del Trabajo.  
Ante el milagro económico brasileño, las 230 etnias que habitan esta nación, luchan por su derecho a la tierra, contra un estado que les “tutela” como si fueran menores de edad: su movilidad, su actividad política y el uso de su espacio territorial. Una situación extremadamente difícil es la que viven los pueblos indígenas brasileños pues prácticamente viven acorralados por la vorágine de los hacendados agropecuarios y la explotación de materias primas. El aumento en la tasa de homicidios indígenas es solo una de las manifestaciones del deterioro de la relación entre la sociedad brasileña y sus comunidades indígenas, la omisión de los órganos de gobierno se ha expresado tan solo en la muerte de  centenares de niños y niñas indígenas que no tuvieron acceso a los servicios de salud por un criterio de discriminación.
Los pueblos originarios de Costa Rica también reivindican su derecho a sus territorios titulados colectivamente y a nombre de sus comunidades, actualmente se enfrenta a la militarización de su territorio bajo el argumento del combate al narcotráfico.  El movimiento indígena en Costa Rica  se conformó como la Asociación Indígena de Costa Rica, después como Asociación Pablo Presbere en honor a uno de los líderes indígenas contra el dominio español, posteriormente esta organización tomó el nombre de Asociación Mesa Nacional Indígena de Costa Rica, esta organización incluye por lo menos  los grupos bribi, brunca, cabecar, guaymi ngobe, huetar, maleku, guatuso,  y teribe-térraba. En el año 2000 el censo oficial incluyó por primera vez a su población indígena, pero solo evidenció la desigualdad imperante de las condiciones de vida de los indígenas en comparación al resto de la población.  Costa Rica fue uno de los primeros países en reconocer los derechos indígenas, en 1959 adoptó el Convenio 107 de la OIT, en 1977 promulga una ley indígena y en 1992 ratifica el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales.  Con todo y esto el país firmó un Tratado de Libre comercio entre Centroamérica, República Dominicana y  Estados Unidos  donde en uno de sus artículos se establecía la posibilidad de obtener los derechos de propiedad intelectual obre el conocimiento tradicional de los pueblos indígenas sobre sus semillas que utilizan para el cultivo, alimentación y medicina. 
En Colombia los indígenas tienen una organización fuerte y consolidada desde los años 70 del siglo pasado, a través de la Organización Nacional Indígena de Colombia, se han aliado con sindicatos campesinos y han enfrentado no sin bajas a los gobiernos en turno con los cuales ha sido imposible la negociación. Herederos de la lucha de Manuel Quintín Lame Chantre quien encabezara una rebelión indígena a principios del siglo XX su principal razón es por su derecho a su territorio.
Hacia el sur, en Chile, el movimiento Mapuche ha conjuntado el movimiento indígena en aquel país desde la revuelta mapuche en 1968, la constitución de este movimiento como Confederación, su periodo de retracción que fue justo con el ascenso de Pinochet al poder  y su resurgimiento entre 1978 y 1985. Durante el gobierno de Salvador Allende los indígenas lograron legislaciones favorables a sus intereses que se echaron para atrás durante la sangrienta dictadura pinochetista. Hoy en día, siguen enarbolando su derecho a la autonomía,  el reconocimiento constitucional a los derechos indígenas  y la posibilidad de crear comunidades autónomas en Chile.
Los originarios de Ecuador actualmente  se encuentran organizados en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador. Antaño uno de sus proyectos más exitosos fue el de Educación Radiofónica donde promovieron una educación bilingüe e intercultural, sistema que obtuvo un reconocimiento gubernamental. En 1990 el levantamiento Inti Raymi exigió el reconocimiento de los derechos indígenas en un estado pluricultural y multicultural, que se ve concretado en su artículo primero constitucional. Su lucha no termina pues hoy en día es alcanzar un acuerdo con el gobierno y proteger los derechos de las comunidades asentadas en zonas petrolíferas que  amenaza su vida en todos sus aspectos.
Hasta aquí el vistazo a América Latina, no olvidé los casos de Bolivia, Perú o México,  son también significativos sin embargo podrían abordarse con mayor detenimiento en otro número, lo expuesto hasta aquí  nos lleva inevitablemente al análisis del sociólogo  peruano ( y pensador marxista) José Carlos Mariátegui, en los Siete ensayos de interpretación de la  realidad peruana (1928):  la constante lucha del indio es la reivindicación de su derecho a la tierra pues en ella se echan las raíces de su identidad, de su cultura y su contribución al conocimiento. Y no es un reclamo exclusivo de los pueblos originarios de Latinoamérica por supuesto pero sin duda ha sido y seguirá siendo el motor de su resistencia.
Fuentes consultadas:

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