Reflexiones sobre la agresión y la violencia

Psic. Heriberto González.

Factores hereditarios específicos, innatos, genéticos influencias psicológicas y culturales, estructuras del sistema nervioso y también hormonas o modelos sociales, en su interacción e interferencia,  determinan el fenómeno de la agresión. Sólo en el ámbito anglosajón se han publicado más de 6,000 libros que se ocupan del tema de la violencia y la agresión, esto sin contar los miles de artículos y revistas al respecto. “La teoría más popular afirma que no se necesita teoría alguna para la descripción de fenómenos agresivos. La “agudeza” de las observaciones particulares hace que se diluya la cohesión del conjunto. 
 
“A causa de la multiplicidad prácticamente inabarcable de las causas y efectos de la agresión, este problema debe interesar vitalmente  a los campos de la biología, la ciencia de la herencia, la investigación comparada de comportamientos, la medicina, la farmacología, la química, la psicología, la psiquiatría, la sociología, la antropología  y acompañando a todas estas ciencias la filosofía, la teología, la política, la comunicación, la pedagogía, el folklore y la religión; es decir, casi todas las ramas organizadas de la investigación científica y muchas ramas de las ciencias del espíritu. La reducción a uno o a unos de los pocos campos, citando o excluyendo simplemente con benevolencia a otros favorece sin duda la precisión de los resultados, pero nos da apenas información sobre su relevancia en el problema en general” (Hacker, 1973 p. 117, 118 y 119)..  
 
Cabe puntualizar según los comentarios de Hacker algunas pautas de su discurso. Es cierto que no se pueden o más bien no se debe hacer un “coktail” de  teorías para tratar de explicar fenómenos de índole conductual y social del ser humano, como lo son la agresión y la violencia, es cierto también que la reducción de los datos nos ofrece una respuesta a un caso especifico y probablemente aislado y no a la problemática en general. ¿Pero no es acaso esto lo que en un determinado momento el mismo método científico señala? En mi opinión partir de la generalidad del problema a su especificidad de caso nos ayuda a identificar por lo menos, sino varias, una de las variables que inciden para que la problemática se desarrolle en otros sectores. De esa manera y con el entendido de que las premisas que se expondrán no pretenden llegar, ni someramente a traducirse en un absoluto, es por demás válido retomar las posturas de diversos autores para  conseguir los fines de este estudio. 
 
 
Nuestra era de crueldad e inseguridad ha inventado la bomba atómica, el coktail molotov, ha perfeccionado la técnica del terror y el terror de la técnica, La antigua facultad de comprender a los demás ha cedido el paso a la auto justificación de ahí que el homo sapiens se haya convertido en el homo brutalis. Desde hace 150 años, en guerras, acciones policíacas, choques y crímenes, ataques y defensas, una persona dio muerte a otra cada minuto del día y la noche en el occidente civilizado. En los últimos 50 años durante los cuales, por término medio, se ha triplicado la esperanza de la vida, la pausa entre una y otra muerte violenta se ha reducido un tercio, a unos veinte segundos.
 
Estas y otras estadísticas han perdido ya hace mucho tiempo su efecto de choque emocional. La más terrorífica dimensión de la brutalización moderna no es el constante recrudecimiento de la violencia individual y colectiva (atizada y estimulada generalmente según un plan) sino su creciente regularización y su práctica habitual. La violencia se ha convertido en un hecho cotidiano, natural, trivial, en una insignificancia, y reclama en nuestras ideas y sentimientos el derecho de la costumbre de lo tradicionalmente inevitable.  Estamos ya tan insensibilizados que se precisa una considerable escalada de violencia o unos actos de brutalidad especialmente dramáticos para que salgamos de nuestra indiferencia nacida de una supuesta impotencia. (Hacker, 1973 p.19 y 20)  
 
Se Observa, reafirmando la postura de Hackerman, que los medios masivos son cada vez más violentos, que el Estado atenta con mayor perversidad contra los sectores más vulnerables, que los modelos de comportamiento agresivo se van convirtiendo no tan sólo en un actuar cotidiano, sino en un estereotipo aceptado y venerado: la Santa Muerte, Malverde el santo de los narcotraficantes, Charles Manson son solo algunos ejemplos de ello.
Basta con hojear los periódicos, cuyo contenido se hace cada vez más agresivo y violento, incluso a grado de exprimirlos y observar como estos escurren de sangre,  al héroe  de la película que no es menos violento que el villano o al modelo escolar de telenovela que se dirige con “rebeldía” e irreverencia a sus profesores. Es éste precisamente el tipo de insensibilidad que se ha desarrollado en los últimos años. Cabe reconocer, sin embargo, que las manifestaciones de agresión muchas veces no amenazan la estructura ni el orden social. A pesar de las escaladas de agresión han surgido formas mucho más sofisticadas de violencia sin que haya la necesidad de actuar de manera agresiva: 
 
“La antigua ferocidad tiende a ser sustituida por la astucia, y muchos sociólogos estiman que hay en ello un apreciable progreso; algunos filósofos que tiene la costumbre de no seguir las opiniones del rebaño no ven en parte alguna en qué constituye ese progreso desde el punto de vista moral; dice Hartan: nos choca la crueldad la brutalidad de los tiempos pasados, pero no conviene olvidar la rectitud, la sinceridad, el hondo sentimiento de justicia y el piadoso respeto a la santidad de las costumbres que caracterizan a los antiguos pueblos; mientras que hoy vemos que reinan la mentira, la falsedad, la perfidia, el desprecio hacia la propiedad, el desdén de la probidad y las costumbres legitimas cuyo valor ya no se suele entender” (Hacker, 1973  p. 22) 
 
Pero, ¿cómo entender esta metamorfosis y saber hasta dónde actúa el fenómeno de la agresión y dónde empieza la violencia?

Categorías:Psicología

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